Con Artemis se busca “liderar un programa innovador y sostenible de exploración con socios comerciales e internacionales para permitir la expansión humana por todo el sistema solar y traer de vuelta a la Tierra nuevos conocimientos y oportunidades””
Cuando la NASA anunció en 2017 la puesta en marcha del programa Artemis, aquellas famosas palabras con las que el presidente Kennedy resumió el programa Apolo -”Elegimos ir a la Luna. No porque sea fácil, sino porque es difícil”- sirvieron de base para unas aspiraciones que hoy, como entonces aquellas, se antojan asombrosas.
Apolo ya demostró de manera clara la importancia de invertir en este tipo de programas, no ya sólo en el efecto multiplicador sobre la inversión -que en aquella ocasión acabó siendo, según diversas estimaciones, cercano a 8 veces-, sino en el liderazgo innovador en un ámbito geoestratégico como es el Espacio o la transformación del tejido industrial completo.
Artemis, además, no es un proyecto estadounidense en exclusiva, como ocurrió en la primera fase de Apolo, sino que supone la consolidación de un nuevo modelo de programa cooperativo. Incorpora a más de 30 países y a centenares de empresas de todo el mundo.
El camino recorrido desde 2017 hasta el lanzamiento del Artemis II —la primera misión tripulada del programa— ha sido un proceso gradual y de una enorme complejidad.
El Artemis I, lanzado en noviembre de 2022, fue el primer gran hito: una misión no tripulada que puso a prueba las prestaciones del Space Launch System (SLS) y de la nave Orión, diseñada para transportar astronautas más allá de la órbita terrestre. Durante 25 días, la misión demostró de manera exitosa, entre otros aspectos, la robustez del SLS y de la cápsula Orión en el entorno lunar y la fiabilidad de su reentrada a velocidades superiores a los 40.000 km/h.
A partir de ese momento comenzó el extenso trabajo de revisión, validación y mejoras que caracteriza a cualquier misión tripulada y que nos acerca al Artemis II. Será un vuelo alrededor de la Luna sin alunizaje, pero su importancia es crítica: será la primera vez desde 1972 que seres humanos viajen tan lejos de la Tierra y la primera ocasión en la que se utilicen, en un entorno real, todos los sistemas vitales de la nave Orion.

¿Por qué volvemos a la Luna? el próximo gran salto de la Humanidad
El plan de las misiones Artemis es aprender a “vivir del terreno”: usar el hielo lunar para obtener agua y oxígeno, y el polvo lunar (regolito) para construir refugios. Artemis II será la primera misión tripulada de esta era en rodear la Luna, probando los sistemas de soporte vital que permitirán que, muy pronto, el ser humano vuelva a caminar -y esta vez quedarse- en la superficie lunar.
El plan de las misiones Artemis es aprender a “vivir del terreno””

Artemis II volvemos a hacer historia

Día 1:
El despegue y el control manual. Tras separarse del cohete, la prioridad es desplegar los paneles solares para obtener energía. Lo más emocionante ocurre poco después: los astronautas toman el mando para realizar una “demostración de proximidad”, pilotando manualmente la nave de 25 toneladas para probar su capacidad de maniobra en el vacío.
Días 2 al 5:
Rumbo al objetivo. Durante el tránsito, la tripulación realiza simulacros médicos y de emergencia. Al quinto día, la gravedad de la Luna empieza a “tirar” de la nave más que la de la Tierra; han entrado en su área de influencia.
Día 6:
El encuentro cercano. La nave rodea la Luna por su cara oculta. Durante un tiempo, los astronautas pierden comunicación con la Tierra. A esa distancia, la Luna se ve desde la ventana como un balón de baloncesto al alcance de la mano.
Días 7 al 10:
El regreso y el escudo contra tormentas. De vuelta a casa a 40.000 km/h, el equipo practica cómo refugiarse de posibles llamaradas solares usando el equipo de a bordo.
Días 10:
El gran final. Antes de entrar en ña atmósfera, el módulo de servicio se separa. La cápsula Orión se enfrenta a temperaturas de 2.500ºC antes de desplegar sus paracaídas y amerizar en el Océano Pacífico.
La Humanidad vuelve a viajar más allá de la órbita terrestre”

Estas unidades se encuentran en el Módulo de Servicio Europeo, la contribución de la Agencia Espacial Europea a Orión, y trabajan sin descanso para controlar la temperatura interior frente a los -270°C del espacio profundo. Con un peso de solo 11 kg, este complejo sistema electrónico controla 140 calentadores, 12 válvulas, una bomba del circuito de refrigeración, 250 sensores de temperatura y 50 sensores de presión y nivel, garantizando la habitabilidad de la nave para los astronautas.
Además de Airbus Crisa, otras empresas como HV Sistemas o GMV también han participado en la vuelta a la Luna desde la Tierra. HV Sistemas ha diseñado y fabricado bancos de prueba para el Subsistema de Almacenamiento de Consumibles (CSS) del Módulo Europeo de Servicio del Orión (ESS).
Además, ha suministrado tanto los equipos para probar la unidad de control térmico (TCU Unit Tester Front-End), como el sistema completo (TCS/CSS SCOE). Estos bancos se utilizan tanto para la calificación y pruebas en tierra previas al lanzamiento de la unidad TCU, como del subsistema TCS/CSS completo.
Por su parte, GMV ha colaborado en la definición de requisitos y en tareas de ingeniería de sistemas. Entre sus principales contribuciones destaca el desarrollo de la herramienta de gestión de anomalías de la misión, esencial para detectar, analizar y resolver posibles incidencias durante las operaciones.
España, a través del talento de empresas como Airbus Crisa, HV Sistemas, GMV y Alter, ha demostrado que su industria está en la vanguardia de esta nueva era”
Además, el equipo de formación/entrenamiento de GMV también se desplazó a Houston para instruir a los astronautas en el uso del sistema EveryWear de la Agencia Espacial Europea. Por último, profesionales de la compañía formarán parte del equipo de control en tierra, prestando apoyo en tiempo real durante la misión.
ALTER ha contribuido directamente a esta misión mediante su participación en el Módulo Espacial Europeo, asumiendo la responsabilidad del suministro de componentes electrónicos críticos, así como de las actividades de ingeniería relacionadas y las campañas de ensayos de laboratorio. Este trabajo ha sido fundamental para cumplir los estrictos requisitos de calidad y fiabilidad de los sistemas espaciales destinados al transporte de personas.
